miércoles, 8 de junio de 2011

HOJA 2

Un día llegó una chica, llamada Carmen, y al ver al perro-caballo, comenzó a gritar, por lo que el niño y el perro se desmayaron por la resonancia del grito. Resultó que, en realidad, la cara del perro se parecía bastante a la de Bojan, y claro, al confundir al perro con el jugador, la chica gritó mucho. El caso es que se los llevaron al hospital, ambos con los tímpanos reventados.
Cuando despertó el niño, comenzó a pasear por el hospital, y encontró a su viejo amigo Lucario, al que le faltaba una pata. Zappy también estaba, todo piel de pollo y sin plumas. Y Gaara también, sin su botijo y con escayolas en los dos brazos. Se preguntó qué debían haber hecho esos tres para acabar así.
Se quedó mirando a un Chansey que los atendía y le recordó a su madre, lo que le dio ganas de volver a casa. Encontró a toda su familia en una fiesta que habían hecho porque se había ido de casa, ya que antes no le soportaba ni su familia. Ver que sus propios padres se alegraban de que se hubiera marchado le puso rabioso de nuevo y le volvió todo peludo, tanto que parecía un oso rabioso. ¡Tanto estar en el mundo Pokémon le convirtió en uno! Comenzó a tirar “a bocajarros” a todo lo que se le ponía por delante, aunque acabó tan cansado que hasta una mosca le derribaría.
Una entrenadora llamada Shilvy que pasaba por allí aprovechó que estaba cansado y le atrapó con una pokéball de mierda, lo que dejó al chaval algo indignado, la verdad. El caso es que ahora tenía una entrenadora. Pero Shilvy no le usaba nunca, porque prefería a su Monferno, así que acomodó su pokéball. Un día Shilvy salió en busca de un pokémon llamado Zapdos. Al chico le sonaba el nombre, pero no sabía de qué. Le robó un momento la pokédex para ver una foto de aquel pokémon, y ¡sorpresa! Que era su amigo Zappy, que la última vez le vio en el hospital, pero ¿dónde andaría ahora?
- Uuuu, ¡uu! – intentó decir. Pero en su pokéball nadie le escuchaba.
Resultó que Shilvy había olvidado la pokéball por ahí en la hierba y por esa zona no había nadie. ¿Estaría en esa pokéball para siempre, o alguien le encontraría?
1 año después, aún encerrado, alguien lo sacó. Era… Shilvy de nuevo. Pero no le reconocía porque hacía tiempo que se le había acabado la comida en la pokéball, y se había vuelto un Gastly. Casualmente, ella andaba buscando un Gastly para poder tener un Gengar, así que se lo llevo de nuevo y lo estuvo entrenando.
El niño era feliz porque su entrenadora luchaba con él, aunque Shilvy estaba obsesionada con capturar a Zappy. También hablaba de una amiga y su Lucario.
Su amor por Shilvy hizo que se volviera a transformar en un chico, y ahora que podía hablar le conto a Shilvy todo lo que sabía: que él había conocido a Albichi, a Zappy y a Lucario (también la consoló porque ahora no podía tener un Gengar)
Así que Shilvy fue en busca de Albichi, porque quería que le regalase su Gengar.
Pero el chico le confesó se que la había matado Shilvy se enteró de que había muerto, así que Shilvy fue en busca de Hiervas Rev. No encontró, así que decidió plantarlas. Medio año después crecieron y Shilvy agarró una hojita.
Ahora se fueron a buscar a Lucario para que les dijera dónde estaba enterrada Albichi, pero ¿dónde estaba Lucario? Fueron a la antigua casa de Albichi, pero sólo había una Spoinka. ¿Sería la que conocían anteriormente? No podían saberlo, pero de todas maneras le preguntaron que donde estaba Lucario.
Resultó que estaba en el piso de arriba, en la habitación de Albichi. Aunque ella había muerto, Lucario seguía viviendo allí, y ahora que había aprendido a usar internet, se había vuelto adicto a Facebook. Tenía más de mil amigos, y se hacía llamar Lucky. ¡Era incluso amigo de una tal Carmen De Juanas de España!

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